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Article de Ramon Almirall a La Vanguardia: ¿Patios libres de móviles?

¿Patios libres de móviles? ¿Prohibir o regular?

El professor del Màster, Ramon Almirall, acaba de publicar un nou article a La Vanguardia sobre la presència dels mòbils a les escoles: Se deberían buscar alternativas que llenasen de experiencias y descubrimientos a los jóvenes estudiantes

 

En los últimos años, la presencia del móvil en las escuelas ha generado todo tipo de debates así como distintos cambios legislativos, a veces difíciles de aplicar, que nos llevan a preguntarnos ¿Debe haber móviles en las clases? ¿Convienen patios libres de móvil? ¿es preciso prohibir? ¿o regular?

Una anécdota reciente nos servirá para iniciar esta reflexión. Nos la ofrecieron un grupo de chicos y chicas de 2º de ESO reunidos a propósito de la investigación para la preparación del libro “De l Padre al iPad. Familias y redes en la era digital” NED, 2019. Cada mañana —nos contaron— una quincena de compañeros de 1º de ESO se sientan, alineados y apoyados en la pared, y permanecen pegados a su móvil durante todo el recreo. La mayoría se entregan a un juego on line, a menudo distinto del de su compañero de al lado. Juntos, pero cada uno a lo suyo. Hasta que se oye la señal para volver a la clase.

Si nos interesó la noticia, todavía nos parecieron más dignos de atención los comentarios añadidos a continuación: “Te pegas al móvil cuando estás sola —nos decía una chica— pero no cuando tienes con quien ir, o con quien hablar”. Y el resto lo confirmaban, subrayando que les parecía penoso pasar el recreo pegados al móvil “cuando puedes hacer un partidillo o charlar con la gente”. Pero su reflexión no terminó aquí, nos dijeron también que habían intentado, sin éxito, convencer de ello a los protagonistas de la escena. Así, los mismos chicos que minutos antes reivindicaban mayor autonomía en la toma de decisiones, comenzaron a hablar poco después de la conveniencia de que el profesorado interviniera al respecto de los móviles. Con sus propuestas, parecían mandarnos un mensaje claro: dejadnos decidir sobre nuestra vida, pero hablad, tomad partido, (ayudadnos a regular).

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Nadie hará de padre por accidente: ser padre es una acción voluntaria y consciente. Nou article del professor Almirall a La Vanguardia

Ser padre y hacer de padre

Aunque la llegada de la paternidad pueda venir de forma casual, nadie hará de padre por accidente

Los hombres acceden a la paternidad de diversas maneras, a menudo de forma planificada y en el marco de una relación de pareja, pero otras veces de forma circunstancial, por ejemplo después de emparejarse con una madre monoparental o, en otros casos, como resultado de la ineficacia de las medidas contraceptivas adoptadas.

Sin embargo, aunque sin duda se puede acceder a la paternidad de forma más o menos casual, o incluso por accidente, nadie hará de padre por accidente. Hacer de padre es una acción voluntaria y consciente. Lo que determinará la calidad de esta función parental asumida tiene menos que ver con aquella mayor o menor planificación que con la predilección emocional y voluntaria adoptadas en relación con la criatura antes y después de que llegue.

Aunque se puede acceder a la paternidad de forma más o menos casual, o incluso por accidente, nadie hará de padre por accidente

Porque, más allá del hecho biológico que determina la paternidad de un individuo, lo que definirá y configurará su función de padre, viene marcado por la relación que decidirá establecer y que acabará estableciendo en la práctica con aquella criatura que hasta entonces simplemente se había considerado genética o administrativamente un hijo o una hija suyos. Se trata de una construcción lenta, y a menudo poco lineal, que irá configurando un vínculo, que muchas veces nacerá antes de haber tenido ocasión de ver la criatura o de haberla tenido entre sus brazos

El camino que lleva al padre a configurar este vínculo con el bebé que ahijará, tiene un recorrido físicamente diferente al que recorre la mujer cuando accede a la maternidad gestando la criatura. Mientras que la mujer vivirá a lo largo del embarazo un proceso de transformación que implicará fuertemente su cuerpo, que cambiará su aspecto y forma, al tiempo que destacables modificaciones hormonales le recuerdan permanentemente lo que está sucediendo en ella, el hombre que será padre, queda situado a lo largo de la gestación en un lugar más periférico, y su vivencia del proceso dependerá mucho de la posición que adopten tanto él como la madre.

El camino que lleva al padre a configurar este vínculo con el bebé que ahijará, tiene un recorrido físicamente diferente al que recorre la mujer cuando accede a la maternidad gestando la criatura

Muchos padres, aun siendo pareja de la madre gestante y estando fuertemente implicados relacionalmente con ella y con su embarazo, explican el fuerte impacto emocional que tuvo para ellos, justo después del parto, recibir entre las manos la criatura recién nacida. De repente estaba allí lo que hasta entonces sólo había sido una idea o un deseo o, como mucho, la causa de unos movimientos en el vientre de la madre, a los que en broma llamaban pataditas.

Más allá de lo que generó para un padre el origen de una filiación (planificada, sobrevenida o accidental) siempre existe la posibilidad de que el vínculo tome una u otra forma en el futuro, dependiendo de la actitud adoptada por los protagonistas de la decisión de que una criatura esté en el mundo, optando o no por asumir la función parental. En esta elección de actitudes, la que toma el hombre que opta por hacer de padre, más allá de ser nombrado como tal, tiene un singular recorrido, en el que concurren deseos, emociones, y decisiones conscientes, que serán las que finalmente darán lugar a uno u otro tipo de filiación y, en consecuencia – y esto acaba siendo lo más importante- un mejor o peor desarrollo y bienestar, tanto de la criatura, como de quien ha decidido hacer de padre además de, simplemente, serlo.

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¿Cómo aprenden a hablar los niños? Nou article de Ramon Almiralll a La Vanguardia

Podríamos aprender a ir en bici en medio de la nada, siendo los únicos habitantes del planeta, pero no podríamos aprender a hablar sin interlocutores.

Las criaturas hablan porque alguien les habló, comunicándoles hechos, acciones o deseos, dando así sentido al entorno vivido. Porque alguien modeló la forma de expresar. Pero también, y no deberíamos olvidarlo, porque alguien atendió lo que querían decir las propias criaturas, porque alguien las escuchó, y porque actuó, además, en consecuencia. Que esa comunicación se llegue a desarrollar a través de palabras, por parte de la criatura en desarrollo, tiene mucho que ver con la cualidad de la interacción vivida.

Cuando en una reunión entre adultos alguien “da la palabra” entendemos que está ofreciendo a otro la posibilidad de hablar. Y, del mismo modo, decimos que alguien “toma la palabra” cuando empieza a expresar algo a sus eventuales interlocutores, contando o no con el beneplácito de éstos.

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