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¿Cómo hablar con los niños de sexualidad (y abusos)?

Familias y especialistas reclaman educación sexual y afectiva desde la infancia con el fin de acompañar a las niñas y niños en la construcción de identidades y sexualidades sanas y libres de violencias

La escena pasó tal que así. Una madrugada, Anna, de 7 años, había trepado por la cama de sus padres. Ya por la mañana, cuando madre e hija se desperezaban en ese clima de tibia y apacible pereza, la niña se puso rígida. Y como si de pronto una ola oscura le hubiera anegado los pensamientos, soltó a quemarropa: “Mama, yo no quiero que me violen”. ¿Que no quieres qué?, se despertó de golpe la madre. “Que me violen”, repitió la niña, sollozando. ¿Me puedes explicar tranquilamente qué quieres decir?, le pidió la mujer. Y entonces Anna le contó que un compañero había llegado un día a clase hablando de violaciones. Y que por lo que ella había llegado a entender –y lo había hecho de forma bastante ajustada– no quería que aquello le pasara jamás.

La madre, que nunca imaginó que ese tema pudiera llegar como un puñetazo antes de las siete de la mañana, intentó calmarla. Le pareció insoportable que la niña creciera con la idea de que algo así pudiera ocurrirle y le dijo que tranquila, que durante muchos años no se había hablado de este asunto y que no se había creído a las víctimas, pero que ahora ya se estaban poniendo todos los medios para que no pasara más.

La mujer logró serenar a la niña –y eso, en aquel momento, ya fue bastante–, pero desde entonces se pregunta si con mentiras piadosas se ponen realmente los cimientos de la educación afectiva y sexual que los expertos reclaman ya desde la primera infancia con el fin de que las identidades y sexualidades se construyan de forma sana, y también como cortafuegos contra las agresiones y abusos sexuales, la LGTBIfobia y las relaciones abusivas a partir de la adolescencia.

Con mayor
o menor conciencia,

coinciden las expertas, educamos en afectos y sexualidad desde el nacimiento

“Toda la violencia que está aflorando y cuyos ecos también llegan a la infancia no está siendo acompañada de educación sexual y afectiva, y eso es como empezar la casa por el tejado –apunta la sexóloga Lupe García, de Sexducacion, sobre el episodio de arranque–. Para prevenir la violencia, primero debemos dar una visión positiva del amor y la sexualidad, tenemos que hablar con las niñas y niños, por ejemplo, del cuerpo, de cómo es, de que es solo suyo, de que lo tienen que cuidar, y también de los afectos, de lo que les gusta y lo que no en un sentido amplio, y animarles a que lo expresen”.

Y la única forma de garantizar el acceso de la población a la educación sexual, derecho reconocido por Naciones Unidas, es a través de la escuela, añade la psicopedagoga Mirta Lojo. “Lo terrible es que aún tengamos que justificar su necesidad, cuando deberían ser los poderes públicos los que explicaran por qué no lo hacen”.

De hecho, fruto de la presión social, el Ministerio de Educación tenía una propuesta ahora paralizada y el Departament d’Educació está trabajando en un proyecto. Al fin y al cabo, coinciden las expertas, si ese vacío no lo llenan de forma adecuada las escuelas y las familias, lo harán los amigos, los titulares a quemarropa, los cuentos, las canciones y el ‘villano oficial’ de este asunto, el porno ‘mainstream’, con su capacidad para formatear lo que es ‘normal’ y deseable y lo que no, y sus violaciones grupales y sus harenes de mujeres de rostro aniñado que se entregan entre azotes a la eyaculación masculina (nota: de cada 10 vídeos demandados, siete contienen violencia explícita).

“En secundaria ya vamos tarde”

Que la educación sexual no debe comenzar en secundaria –con talleres que se imparten en los institutos y que, en el mejor de los casos, van un poco más allá de prevenir el riesgo de embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual– es un estribillo compartido por las especialistas. Y no solo porque, en el caso del alumnado LGTBI, estos espacios pueden funcionar como salvavidas para personas que posiblemente sientan que llevan años hundiéndose. Asegura Lojo que en secundaria “ya vamos tarde” porque a menudo los adolescentes deben desmontar, pieza a pieza, “una visión del mundo y de las relaciones que ya está contaminada por sesgos de todo tipo desde las primeras edades”.

Conocer bien el cuerpo

¿Cuándo empezar, pues? Con mayor o menor conciencia, coinciden las expertas, educamos en afectos y sexualidad desde el nacimiento. “Lo hacemos, por ejemplo, cuando acariciamos al bebé –dice Lojo–, cuando reconocemos sus deseos y necesidades, o cuando más adelante fomentamos la escucha activa y el respeto por las personas que lo rodean”. Así, antes de alcanzar la pubertad se debería conocer –al igual que la reproducción– cuándo los chicos entran en la edad fértil, las distintas etapas de la sexualidad femenina y, por supuesto, el ciclo menstrual. Y desde edades tempranas también es importante que conozcan su cuerpo y todas sus partes. Incluyendo las genitales. El pene. La vulva. El clítoris. “Todo tiene nombre y todo se debe nombrar“, apunta la sexóloga, que en sus talleres de secundaria se encuentra con un grueso de adolescentes con miedos, desinformación y “un completo desconocimiento, sobre todo entre las chicas, muy inmersas en la idea del amor romántico, de su anatomía y fisiología del placer”, a pesar de que ya puedan estar manteniendo relaciones sexuales.

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Entrevista a Nacho Caldreón: educación inclusiva

Ignacio Calderón Almendros es profesor del Departamento de Teoría e Historia de la Educación y M.I.D.E. en la Universidad de Málaga (España), donde se doctoró en Pedagogía e imparte su docencia enTeoría de la Educación. Estudia la experiencia educativa a través de la Etnografía y la Investigación-Acción. Sus líneas de investigación se sitúan en la educación inclusiva, los estudios sobrediscapacidad, la desventaja sociocultural y los procesos de exclusión. Su trabajo, su producción científica, su implicación divulgativa y su compromiso con la erradicación de la desigualdad le convierten en uno de los principales referentes internacionales en Educación Inclusiva.

Sus libros abordan la desigualdad escolar desde el análisis de vidas concretas, de experiencias situadas, de vivencias de estudiantes y sus familias… Esta opción por lo particular, por las vidas y las experiencias de las personas que habitan las instituciones, es un acto de resistencia a la forma hegemónica de investigar y de entender las escuelas, ahora dibujadas por enormes estadísticas que imponen nuevos estándares deslocalizados.

Su discurso siempre genera interrogantes acerca de lo que venimos entendiendo por educación, porescuela y por discapacidad, y ayuda a encontrar claves para afrontar nuevas etapas en este proceso de reconstruir las escuelas para hacerlas amables y respetuosas con todas las personas.

Entre su amplia bibliografía destacan libros como Fracaso escolar y desventaja sociocultural (UOC, 2016), Sin suerte, pero guerrero hasta la muerte (Octaedro, 2015) y Educación y esperanza en las fronteras de la discapacidad (Cinca, 2014), con el que obtuvo el Premio Discapacidad y Derechos Humanos (CERMI) y Mención Honorífica por la International Association of Qualitative Inquiry (EE.UU.).

Alusión especial merece la obra titulada Educación, hándicap e inclusión. Una lucha familiar contra una escuela excluyente (Octaedro, 2012, publicada en inglés por Sense Publishers, 2017) porque  tratándose de un ensayo –basado en la historia real de un joven con síndrome de Down y su familia– de  rigurosa investigación, con una potente intencionalidad contracultural, con cantidad de datos y análisis exhaustivos de los mismos, ha traspasado la frontera de la investigación científica y ha calado con fuerza reivindicativa entre cientos de familias que se han visto reflejadas, tanto en las vivencias que narra en relación al acceso a la educación, a los progresos de Rafael (su protagonista), a los conflictos experimentados con la institución escolar, etc., como a los argumentos de denuncia hacia las prácticas excluyentes.

Hoy, en un formato poco habitual para mí, tengo el placer de compartir esta entrevista que hemos realizado a Nacho Calderón, en la que nos responde, desde su certera mirada,  a 10 conceptos troncales de Educación Inclusiva.

1

INCLUSIÓN PLENA

Nacho, siempre tratas de poner en cuestión algunos de los pilares de la educación que nos hacen pensar que las cosas son así por naturaleza y que no pueden cambiar. ¿Cómo debe darse la inclusión plena de los niños con discapacidad en la educación?

Es evidente que una de las condiciones previas es la presencia: cuando un grupo de personas no está en la institución, ésta no se ve en la necesidad de adecuarse a ese colectivo. Esto cobra especial relevancia hoy porque estamos en un momento crítico, ya que muchas familias están siendo “invitadas” a abandonar las escuelas comunes porque no van a ofrecerles lo que sus familiares necesitan.

Algunas de estas familias se ven forzadas al cambio; otras asumen que es lo mejor, porque son profesionales quienes lo indican, y “eligen” la educación segregada. Es evidente que en ninguno de los casos se trata de una elección, sino de un condicionamiento férreo. El caso es que demasiados niños y niñas son dirigidos a modalidades de escolarización excluyentes, ya sea en aulas específicas dentro de los centros ordinarios o en centros de educación especial, y esto es inadmisible.

Por eso, la presencia es una condición necesaria, pero en ningún caso con ella se acaba nuestra tarea. La presencia de las personas señaladas por la discapacidad en las escuelas ordinarias tiene que ir acompañada de una transformación de la cultura escolar, de modo que esa ciudadanía previamente excluida de la institución pueda aprender, participar y aprobar en ella.

Y esto, a pesar de que se ha malinterpretado demasiado, se construye a través del cambio de lo que hemos entendido por escuela, para que pueda dar cabida a esas personas que han sido excluidas de ella hasta tal punto que cuesta pensar que tienen un idéntico derecho a ejercer la ciudadanía desde la infancia, aprendiendo, participando y siendo reconocidos junto al resto de compañeros y compañeras. Por tanto, tenemos el reto de garantizar la presencia, pero para que esta presencia sea real es necesario que no pensemos en la escuela ordinaria ni en la escuela especial, sino en una nueva escuela que supere esta división tan violenta y dolorosa.

2

FAVORECER LA EQUIDAD

Un elemento arraigado en el acervo cultural de la llamada atención a la diversidad son las adaptaciones curriculares. Pero cuando  hablas de educación inclusiva te he escuchado decir que  esta “clasificación” justifica la devaluación de los aprendizajes y por lo tanto no puede favorecer la equidad. ¿Puedes explicar este punto de vista?

Es algo sencillo: las adaptaciones curriculares (que son entendidas casi exclusivamente como significativas e individuales) son la herramienta de la que se ha servido el sistema escolar para continuar sin ser cuestionado. Sirven como colchón para evitar la transformación de la escuela, porque vuelve a culpabilizar al niño o a la niña de lo que le ocurre. Por eso, se hace un plan específico únicamente para ellos (como si la diversidad se pudiera entender en la dicotomía normal / anormal) que además es devaluado: los aprendizajes bajo adaptación curricular significativa se entienden menos valiosos que los del resto del alumnado.

Tanto es así que en la mayoría de los casos no permiten la titulación en la educación obligatoria. Esto es completamente injusto, pervierte las relaciones académicas y sociales, baja las expectativas, es ineficaz… y, además, lo hacemos con nocturnidad, porque a menudo omitimos que esta adaptación será un obstáculo para la titulación. Y lo hacemos así porque a los profesionales, en nuestro fuero interno, nos avergüenza esta parte de lo que hacemos.

Nuestra tarea es educar, no clasificar a la infancia. Lo uno es encomiable, lo otro deplorable. Todo niño y toda niña tiene que titular en la etapa obligatoria. Por tanto, tenemos que cuestionar y trascender las categorías escolares que nos impiden pensar que una niña o un niño (cualquiera) no tiene derecho a aprender con los demás y a ser reconocido como el resto.

Los impedimentos no están en sus cuerpos ni en sus historias personales, sino en lo que entendemos por discapacidad, la normalidad que estructura nuestra mente y prácticas, los tiempos y espacios escolares, la división del conocimiento en asignaturas, los niveles, las clases, etc. Las escuelas que están rompiendo estas estructuras son esperanzadoras. Se trata de flexibilizar el sistema, y no de esconderse detrás de las ACIs.

3

PARTICIPACIÓN

Y propones que una de las principales claves para generar transformaciones que hagan justicia a colectivos históricamente castigados es la participación. ¿Qué papel juegan los alumnos en este proceso de inclusión? ¿Te refieres a que deben ser partícipes activos en las discusiones sobre esta transformación?

Por supuesto. Esta es la condición para la transformación de las escuelas. Dos de mis libros sobre fracaso escolar precisamente se centran en la voz del alumnado, porque es el sector menos escuchado, aunque paradójicamente sea el más afectado. Y dentro del colectivo de estudiantes, menos valor se le da a las voces de esos chicos y chicas que son llamados “malos alumnos”. Al ser preguntados son capaces de mostrar con una claridad meridiana las virtudes y las miserias de las escuelas. Cada una de estas voces, en sus historias particulares, remite a cuestiones universales, y contienen claves de gran interés para trascender los actuales límites de la institución.

Tampoco han sido escuchadas las personas denominadas por su discapacidad, que son continuamente objeto de las decisiones que otras personas toman por ellas. Por ello, es uno de esos colectivos definidos por terceros. Revertir esta situación es fundamental para que las escuelas puedan cambiar: quienes han sido nombrados por la discapacidad y eclipsados por ella tienen que participar para poder dejar de ser reducidos a lo que justamente no pueden hacer. La escuela debe relanzar la humanidad que les ha sido robada a través ese proceso de cosificación –el de convertirlas en síndromes, enfermedades o lo que no hacen–, y que solo puede ser combatida con la participación de ese alumnado segregado.

4

ORIENTACIÓN ESCOLAR

Recientemente habéis llevado una experiencia participativa que habéis denominado Workshop Orienta. En este caso, contasteis con la participación de familias y profesionales para volver a pensar la Orientación escolar. ¿Cómo fue esta experiencia?

Pues resultó algo emocionante. Era algo que estaba por hacer: contar con la construcción de conocimiento acerca de la inclusión a partir de las elaboraciones de personas muy implicadas en el proceso de transformación de las escuelas. Son construcciones emergentes, que superan el estado actual de las cosas.

En este caso, los profesionales llegaron con el deseo de aprender de las familias. Se facilitó un proceso de diagnóstico participativo de la situación del sistema escolar acerca de la orientación, del que emanaron tres líneas de trabajo en forma de preguntas: «¿Qué pasa en las escuelas donde algunos niños y niñas no caben?», «¿para qué están sirviendo los informes psicopedagógicos?», «¿qué impide o qué ocurre para que nos digan que legalmente no puede estar ahí?».

A partir de ellas, familias y profesionales colaboraron para detectar problemas, descubrir las relaciones entre ellos y establecer posibles soluciones. Desde entonces nos hemos organizado en diferentes comisiones que siguen trabajando en redes por una educación sin exclusiones. Son comisiones originales y rompedoras, que pretenden cuestionar lo que hay, responder a los elementos excluyentes del sistema escolar, y proponer y promover alternativas. Pienso que por aquí han de venir las soluciones: los profesionales debemos aprender del alumnado y sus familias, construir verdaderas comunidades, para elaborar juntos propuestas más educativas y justas.

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Els educadors socials a l’escola

Els educadors socials, uns aliats per les escoles encara desaprofitats

Catalunya, a diferència d’altres comunitats autònomes com Canarias o Extremadura, no té regulada la presència d’educadors socials als espais d’educació formal. Arran del decret d’atenció a la diversitat i alguns projectes com el Pla de Barris de Barcelona es treballa per començar a incorporar aquesta figura als centres

El risc d’absentisme o d’abandonament, certs comportaments problemàtics a l’aula o la relació i participació de les famílies són qüestions diàries amb què els centres educatius es troben cada dia i que poden suposar un mal de cap en major o menor mesura depenent del centre. No cal anar a una escola o institut d’alta complexitat per a trobar alumnes que necessitin ser assistits o assessorats d’alguna manera. En aquests casos, qui s’encarrega d’aquestes tasques?

A falta de referents i professionals externs al cos docent, són els mateixos professors i tutors els qui s’encarreguen de fer les orientacions més emocionals, entaular relacions amb les famílies i, en casos més extrems, derivar-los a especialistes. Tot això, a més d’impartir les classes i fer-se càrrec de les seves obligacions acadèmiques. I és que a Catalunya no existeix cap disposició que contempli la incorporació regulada de professionals externs, com els educadors socials, als centres educatius públics. Tot i això, s’ha de matissar que des de l’aprovació del Programa d’Escola Inclusiva i Atenció a la Diversitat del 2015, el Parlament de Catalunya va contemplar als pressupostos una partida per incrementar la contractació de personal no docent.

Però aquesta mesura econòmica encara es troba lluny de la realitat d’altres comunitats autònomes, com és el cas de Castella la Manxa, Andalusia o Canàries, que han institucionalitzat els educadors socials als centres. Un pas més enllà es troba Extremadura, on es va començar a contractar un educador social per cada institut des del 2002. “Les escoles han de donar resposta a realitats complexes i no totes poden ser abordades pels mestres”, opina Eva Bretones, professora de Psicologia i Ciències de l’Educació de la UOC.

“Sovint es veu l’educador social com a un professional per a resoldre problemes. Les accions que majoritàriament duen a terme estan dirigides a l’alumnat amb especials dificultats de participació escolar. Accions, per tant, concebudes des de la complementarietat. Caldria, en aquest sentit, entendre i incorporar els educadors socials a la comunitat escolar com a personal educatiu”, puntualitza Bretones, qui ha estat al capdavant, juntament amb l’educador social Miquel Castillo, de l’elaboració d’un estudi que analitza l’educació social a Catalunya. Així, una de les realitats analitzades d’aquesta professió rau en el poc nombre d’educadors que es troben als centres d’educació formal i és que “normalment, són professionals que s’incorporen per a atendre aspectes molt concrets i no com a part d’un equip que ha de donar respostes conjuntes a una realitat complexa i diversa”, apunta Bretones.

Així, s’acostuma a pensar en els educadors socials com a “complementaris” en relació a tasques amb alumnat amb necessitats especials i no com a membres de la comunitat educativa i de l’organització del centre. I és que les escoles encara són un espai pensat per a fer classes, mentre l’atenció emocional i social encara es deixa una mica de banda -segurament per manca de suport per a atendre-la. El ritme frenètic del dia a dia, les ràtios elevades i el compliment dels currículums de vegades fan que s’oblidi el paper clau que juga l’escola en les relacions socials, l’atenció a les problemàtiques i les deteccions de riscos que poden patir els i les joves.

El paper de l’educador social a l’escola passa per la confiança de l’alumne, però també del mestre

Bretones explica com al Grau d’Educació Social de la UOC són cada cop més freqüents els integradors que treballen a escoles i instituts que decideixen cursar el Grau per a formar-se respecte “tasques que se’ls demanen des dels centres i per les quals no estan formats”. I és que la necessitat de personal que atengui la diversitat hi és i va ser detectada i recollida, també, pel Pla de Barris de la ciutat de Barcelona. Arran d’aquest pla que treballa als 16 barris més afectats per la desigualtat, es van començar a incorporar educadors socials a centres d’alta complexitat. Avui n’hi ha 21 en 28 espais educatius.

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Oberta la preinscripció al Máster i Postgraus d’Educació Inclusiva

Ja es pot fer la inscripció al Màster i els Postgraus d’Educació Inclusiva

Des de l’enllaç que TROBAREU AQUÍ, que també teniu a la pàgina inicial del web.

A finals de maig i de juliol es comunicarà  a totes les personnes preinscrites el resultat del procés de selecció.

Superando estigmas

Centros que dejaron de ser ‘el colegio de los gitanos’

Pasar de gueto a centro normalizado es posible pero, del mismo modo que en el proceso de segregación no interviene un único factor, para lograr que este se revierta no puede dejarse todo el trabajo a la escuela. Son necesarias distintas políticas en la misma dirección para que los esfuerzos culminen en éxito.

El proceso, en su dinámica negativa, es simple. Lo relata José Eugenio Abajo Alcalde, miembro de la asociación Enseñantes con Gitanos: “Ocurre en todas las grandes ciudades y también en las pequeñas, en localidades con 3.000 habitantes donde solo hay dos centros y a uno van los alumnos de clase media y alta y a otro los más desfavorecidos y los gitanos. Justamente este último no está precisamente en las zonas más céntricas, sino en el barrio de peor fama, donde se concentra la población de minorías étnicas. Es triste, pero en todas las ciudades españolas hay un centro que acaba guetizado, y el patrón se repite: los padres payos sospechamos y sacamos a nuestros hijos, los profesores se desaniman y piden huir, todo ese centro queda marcado y las minorías étnicas se desalientan por lo que el gueto constituye de desprecio. El gueto humilla, acorrala, si estás en él estás fuera”.

Una dinámica que se da en las distintas comunidades autónomas, por muy lejanas que estén unas de otras en lo que a inclusión y equidad se refiere, y que ha sobrevivido a las distintas leyes educativas: “La Lomce lo agrava, es la hipocresía suma para estos chavales que han estado desde los tres a los 14 o 15 años en el sistema escolar. La Lomce no elimina la estructura de la LOE, de la Logse, no se atreve a acabar con la comprensividad en teoría, pero en la práctica crea canales que no les conducen a ningún sitio, como la FPB”, añade Abajo.

Para el experto, partiendo de estos centros con una alta concentración de minorías es muy complicado alzarse por encima de tus circunstancias y alcanzar unas altas expectativas. Y, para él, hay una minoría étnica que en nuestro país se acompaña, por encima del resto, de un “estereotipo étnico infamante”: la gitana. “Durante décadas ha calado entre muchas familias de esta etnia el ‘para qué estudiar, si no es para nosotros’, el sentimiento de que, aun con estudios, hay un techo limitado de empleo, ya que al mundo laboral mayoritario y digno se accede sobre todo por la red y las influencias familiares, con lo que, se presupone, queda para los gitanos el reducto del empleo etnificado: convertirse en temporeros, dedicarse a la venta ambulante…”, señala.

Sin embargo, cada vez son más los gitanos y gitanas que logran que, tanto para ellos como para sus familias, triunfe la idea de que el capital académico es importante. Según Abajo, para que el estereotipo negativo no desanime, para vislumbrar un horizonte de futuro, la adolescencia es una etapa clave: “Es un periodo de ebullición y cambio y es difícil esta autoafirmación si a tu alrededor solo percibes factores adversos, de discriminación, de exclusión, mensajes negativos, si no hay en tu barrio algún gitano o alguna gitana que siga estudiando”.

Haber estado escolarizado en un centro gueto transmite, para Abajo, la impresión de no ser admitido por la sociedad, lo que, a la larga, descorazona y desmotiva. Sin embargo, ha habido centros gueto que se han revuelto contra su estigma y han logrado deshacerse de la etiqueta que les acompañó durante años.

Para ello ha sido necesario que se cruzaran diferentes factores: equipos docentes muy comprometidos y cohesionados, con una misma visión; políticas de vivienda y servicios por parte de la administración local que han ido cambiando la fisonomía de los barrios, abriéndolos a otras posibilidades; o un esfuerzo extra para ganarse la confianza de las comunidades desde una visión más social del centro educativo.

El fin del estigma

Santiago Ferreiro lleva 25 años en el colegio María Sanz de Sautuola, los últimos 15 en el equipo directivo. El centro se ubica en el barrio de Cazoña-La Albericia que, aun hoy, en una búsqueda rápida de Google se incluye en la categoría de “barrios que evitar en Santander” (cuarto resultado, ForoCoches).

Y eso no es nada. En los 80, según Ferreiro, “tras la decisión del alcalde Juan Hormaechea de crear allí viviendas sociales y trasladar a toda la población gitana de la ciudad”, en el barrio se concentra un tercio de los gitanos de toda Cantabria, “con importantes carencias sanitarias, sociales, educativas y de todo tipo”. Entonces el poblado chabolista de La Cavaduca, a 150 metros del colegio, todavía no se había desmantelado y el centro albergaba un aula puente a 50 metros para los gitanos.

En los 90 se tira el colegio, llamado aun Kanda Landaburu, y se hace uno nuevo, que se rebautiza. “Pero con la actual denominación aún había segregación y problemas de convivencia”, apunta el director. Fueron años duros: “Todas las familias del barrio, gitanas o no, y un 25% lo eran, tenían problemas externos y necesitaban ayudas sociales. Para ellas tener qué comer, agua caliente o que les quitaran las ratas era más importante que la educación”.

Tuvo que darse lo que Ferreiro llama una “conjunción planetaria” para lograr la transformación del centro. Por un lado, confluyen una serie de profesores procedentes del programa de educación compensatoria del Ministerio de Educación que chocaron con otros profesores de la época. De las 10 personas del programa en Cantabria, cinco estaban en el colegio en 1992, y se juntan con otras cuatro que ya les conocían. Surgen “sinergias contagiosas, emocionales”, y se crea la asociación “Bastis (manos en caló) solidarias”, que hoy se ha reformulado como Asociación Sautuola. Los profesores ayudan a las familias de distintos modos: “Les acompañábamos a pedir ayudas sociales, al médico, a realizar formación para el empleo… Y si no disponían de agua caliente teníamos su permiso para lavar a los alumnos para que entraran limpios a clase, sin oler a fogata o a orín, aunque fuera un poco más tarde. Es así como logramos que incluso las familias más guerreras cambiaran la perspectiva del colegio y de las personas que estábamos allí”.

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Hablar más de un idioma puede aumentar la flexibilidad cognitiva en niños autistas

Los niños con trastornos del espectro autista (TEA) con frecuencia presentan problemas para comunicarse y desarrollar habilidades lingüísticas. Predominantemente, se les ha venido recomendando a los padres que se concentren en hablar y enseñar un sólo idioma a sus hijos, con lo que se desalienta la enseñanza de más de un lenguaje a los niños con autismo.

Pero contrariamente a esa común exhortación, los resultados de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de McGill, en Canadá, sugieren que el bilingüismo puede aumentar la flexibilidad cognitiva en niños con trastornos del espectro autista.

Ya estudios anteriores desmienten la percepción de que el bilingüismo dificulta el desarrollo del lenguaje en niños con autismo, y esta investigación no sólo lo corrobora, sino que encuentra que un entorno en el que fluye más de un idioma, resulta beneficioso para los niños con TEA.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores compararon cuán fácilmente 40 niños con edades entre seis y nueve años, con o sin TEA, que eran mono o bilingües, pudieron cambiar tareas en una prueba generada por computadora.

Se les pidió a los niños que clasificaran un sólo objeto que aparecía en la pantalla de una computadora por color, es decir, clasificaron conejos azules y barcos rojos de acuerdo a su color, y luego se les pidió que cambiaran y clasificaran los mismos objetos pero por su forma: conejos y barcos, independientemente de su color.

Los investigadores encontraron que los niños bilingües con TEA tenían un rendimiento significativamente mejor cuando se trataba de la parte más compleja de la prueba, en comparación con los niños con TEA que eran solamente hablaban un idioma. Es un hallazgo que tiene implicaciones potencialmente de gran alcance para las familias de niños con TEA.

Algunos investigadores han argumentado convincentemente que ser bilingüe y tener que cambiar de idioma inconscientemente para responder a el contexto lingüístico en el que se desarrolla la comunicación, aumenta la flexibilidad cognitiva, pero hasta ahora no ha habido investigaciones que demuestren claramente que esta ventaja también puede extenderse a los niños en condición de autismo.

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La segregación escolar o el techo de cristal de los chicos de la clase obrera

Diseño Universal del Aprendizaje (DUA)

¿Conoces el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA)?

Desde el Grupo de Trabajo “OrINCLUSIVA”, formado inicialmente en octubre de 2017 como un grupo de mensajería privada en Twitter, hemos intercambiado ideas sobre el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) en las últimas semanas a través de un documento en Google Drive. El resultado es esta entrada, que recoge ideas y recursos, organizadas en 10 puntos, para quien quiera acercarse y conocer más a fondo el DUA. Esta entrada no pretende ser un artículo exhaustivo, sino una recopilación de apuntes básicos que ayuden a difundir este enfoque-marco.

1. Repensar las adaptaciones curriculares desde el marco DUA

“Desde hace un tiempo estamos convencidos de que el alumnado promedio es casi un mito, cada niño y cada niña tiene unas necesidades para las que la escuela debe tener respuesta. Las adaptaciones curriculares, que pretendían ser la respuesta, han demostrado poca eficacia y consiguen, en muchas ocasiones, el efecto contrario, alejar al alumno del currículum que siguen sus compañeros en clase y reforzar la idea de que es el alumno el que tiene el problema y es el único que debe cambiar. La perspectiva inclusiva de la educación nos obliga a darle alguna vuelta a las adaptaciones curriculares. Es necesaria una gestión del currículum en una escuela inclusiva que revisa sus culturas, políticas y prácticas para identificar y poder eliminar o como mínimo disminuir las barreras  para que en la que todo su alumnado este presente, participe y aprenda. Para ello, la escuela reorganiza sus recursos y programa distintos niveles de apoyo para dar respuesta a todo su alumnado reduciendo así la necesidad de realizar adaptaciones individuales porque cuenta con un marco para todos. El Diseño Universal de Aprendizaje (DUA) en su versión del CAST o en otras menos conocidas (el diseño instruccional universal, etc) es el marco ideal donde repensar las adaptaciones curriculares.” (Mábel Villaescusa, 2018)

2. DUA vs. Currículos inflexibles

“El Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) es un marco que aborda el principal obstáculo para promover aprendices expertos en los entornos de enseñanza: los currículos inflexibles, “talla-única-para-todos”. Son precisamente estos currículos inflexibles los que generan barreras no intencionadas para acceder al aprendizaje. Los estudiantes que están en “los extremos”, como los superdotados y con altas capacidades o los alumnos con discapacidades, son particularmente vulnerables. Sin embargo, incluso los alumnos que se pueden considerar “promedio” podrían no tener atendidas sus necesidades de aprendizaje debido a un diseño curricular pobre” (Tomado de Carmen Alba Pastor, Pilar Sánchez Hípola, José Manuel Sánchez Serrano y Ainara Zubillaga del Río, 2013; citado por María Eugenia Pérez, 30-10-2016)

3. DUA: todos tenemos capacidades pero de un modo diferente

“También conocido por sus siglas DUA (UDL en inglés), el diseño universal para el aprendizaje es un enfoque que prima la flexibilización del currículo desde que se gesta, para que sea abierto y accesible desde el principio. Un currículo donde se eliminen o reduzcan al máximo las barreras para el aprendizaje que existen en los contextos educativos; un currículo que no necesite ser adaptado a posteriori. Desde que un centro realiza su concreción curricular, en función del contexto, de las características del centro y del alumnado que escolariza, debe asegurar que todos los alumnos y alumnas puedan seguir dicho currículo, facilitando diferentes formas de representación, expresión, acción y motivación. ¿Por qué? Dado que no hay una única manera de aprender, no debería haber una única forma de enseñar. El DUA implica que pongamos nuestra mirada en la capacidad y no en la discapacidad, que prioricemos una visión humanista de la educación, que huyamos del modelo de déficit para centrarnos en un modelo competencial, que veamos como discapacitantes a los contextos y no a las personas, porque todos tenemos capacidades, pero de un modo diferente.” (Milagros Rubio, 11-12-2017)

4. DUA: distintos niveles de apoyo, para apoyar a todos los estudiantes.

“El Gobierno catalán en su recién publicado Decreto de educación inclusiva, el borrador del Decreto de la Comunidad Valencia y otras comunidades autónomas plantean en documentos recientes la creación de un contexto educativo con distintos niveles de apoyo creando en la escuela las mejores condiciones para responder a la diversidad. Los más generales que se organizan a nivel de centro y aula y los más específicos que requieren evaluación psicopedagógica. Tanto uno como otro proponen un primer nivel de apoyo universal o general que todos los centros deben diseñar desde sus proyectos de centro y que está dirigido a todo su alumnado. Este primer nivel supone aplicar el diseño universal para apoyar a todos los estudiantes. Es verdad que en algunos momentos o para algunos alumnos no será suficiente y requerirán apoyos más específicos o intensivos, pero seguro que repensar las programaciones en base al DUA hará que muchos menos alumnos necesitan estos apoyos de manera diferenciada y menos aún adaptaciones curriculares. Algunas preguntas para la reflexión: ¿si evaluamos de manera diferente y no siempre utilizando la misma metodología de evaluación (véase exámenes) obtendremos otros resultados? Si diéramos un feedback diferente cuando un alumno se equivoca, si presentamos los contenidos de distinta manera, si graduamos las actividades en niveles… ¿cambiaría algo?” (Mábel Villaescusa, 2018)

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