Principios educativos: el mejor regalo es dejar ser (artículo y corto)

Los niños no son un diamante en bruto que debamos tallar hasta alcanzar la perfección; más bien son como pequeñas semillas, por lo que la labor de los padres y maestros consiste en cerciorarse de que tienen un entorno seguro donde crecer y desarrollarse.

“Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”. —María Montessori

Por desgracia, los adultos a menudo pensamos que nuestra manera de hacer las cosas y comprender el mundo es la única válida, por lo que, en vez de contribuir al desarrollo de los niños, lo limitamos. Cada vez que le “enseñamos” a un niño una verdad que no admite discusión, cerramos un camino hacia el descubrimiento.

La función de los adultos no es crear copias exactas de sí mismos, sino dar a los niños las herramientas que necesitan para desarrollar sus capacidades, plantearse sus propias metas y perseguir sus sueños.

Educar no es llenar la mente de conceptos y teorías sino liberarla para que pueda pensar y crear.

Esa visión limitada y restrictiva de la educación proviene directamente de la escolástica, una tendencia educativa que se implantó en el Medievo y aún sobrevive en nuestras escuelas. El problema radica en que el principal objetivo de los escolásticos no era conocer nuevos hechos, sino integrar el conocimiento que ya se había adquirido y que provenía de la filosofía griega y el cristianismo.

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