Periodismo y discapacidad: no basta con cambiar el lenguaje

El periodismo sobre discapacidad (y algunos consejos para hacerlo bien)

Por:  Priscila Hernández Flores

¿Por qué las guías para escribir usando lenguaje incluyente no logran que las coberturas sobre la discapacidad tengan un enfoque de derechos humanos? No basta con cambiar el lenguaje, es necesario que los periodistas modifiquemos nuestra manera de ver, entender y abordar a la discapacidad. En este texto, Priscila Hernández habla de su experiencia cubriendo a la discapacidad y sugiere algunas cosas para que pensemos y hablemos de este tema con justicia.

A los periodistas nos enseñaron a ser críticos de los otros, a mirar con recelo a la realidad, a dudar y cuestionar como los ejercicios elementales de nuestra profesión. Sin embargo, pocas veces cuestionamos nuestras prácticas al interior del gremio. Intentar hacerlo implica que, casi en automático, aparezca una voz advirtiendo: “¡Perro no come perro! “

Afuera preguntamos mucho, pero parece que ese ejercicio está negado para nosotros mismos. “¿Por qué pusiste ese titular?” “¿por qué colocar esa nota como la principal?” “¿por qué cubrir ese evento e ignorar esta protesta?”, son preguntas que no siempre se formulan en las redacciones y se quedan en las reuniones de reporteros. En el otro espectro están los editores que mucho tienen que decir sobre lo que viven al interior de las redacciones o en cuanto a los reporteros que se niegan a mejorar su trabajo. Unos y otros, cada uno con sus complicaciones y retos, viven este oficio como en las mejores familias: en silencio, haciendo como que nada pasa y en donde es mejor aparentar que solucionar.

Asignar temas, cubrir noticias, escribirlas, editarlas y publicarlas es la cadena de actividades que impone el ritmo de producción de noticias, y que se hace de forma inercial. Así, vamos acumulando las jornadas periodísticas sin detenernos en por qué escribimos, reporteamos y publicamos (o no).

Comienzo relatando lo que ocurre al interior de las redacciones y en el ejercicio de la profesión porque eso explica, entre otros aspectos, el freno que existe para que los periodistas abordemos el tema de la discapacidad desde un ángulo de derechos humanos. Aún cuando socialmente se ha avanzado en la cuestión: en la creación, firma y ratificación de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad (México, a través de Gilberto Rincón Gallardo fue uno de sus principales impulsores), esto aún no impacta en las coberturas.1

Organizaciones civiles, académicos y distintas instituciones han elaborado manuales para que los periodistas informemos sobre la discapacidad sin discriminar. Esas guías explican, de forma clara, por qué recurrir o no a determinados términos y lo que implica el uso del lenguaje como una forma de discriminación. Una de esas guías útiles para entender cómo escribir con términos correctos, y que reflexiona sobre la forma en la que los periodistas miramos a la discapacidad, es la Guía de estilo periodístico para informar sobre discapacidadescrita por el periodista colombiano Oscar Saúl Cristancho, asesorado por el maestro de la Fundación Nuevo Periodismo de Gabriel García Márquez (FNPI), Javier Darío Restrepo.2

El lenguaje es una de las primeras puertas que tenemos para entender el mundo, sin embargo, pensar que el tema de la discapacidad será comunicado con un enfoque de derechos sólo gracias al uso de los términos correctos sería negar la complejidad de las coberturas periodísticas. No bastan las palabras, como explicó Gilberto Rincón Gallardo en la presentación del análisis “Lenguaje y discriminación” de Héctor Islas ZaÏs editado por el Consejo Nacional para Prevenir y Eliminar la Discriminación (Conapred): “Aprendemos a nombrar las cosas  y a las personas a partir de nuestro entorno, al mismo tiempo, integramos prejuicios, matices despectivos, atribuciones arbitrarias”.

Los periodistas constantemente reciben correos en los que las organizaciones civiles les piden llamar a la población con discapacidad usando el término correcto. Alguna vez me tocó presenciar una rueda de prensa en donde los activistas comenzaron regañando a los reporteros por escribir  “inválidos” o “discapacitados” en sus notas. Si existen y están al alcance del gremio, ¿por qué no terminan de generar un efecto estos manuales?

Porque aún cuando se reconoce el peso de las palabras y la importancia de escribir sin discriminar, la mirada del periodista está detenida en el modelo asistencialista. Habrá que reconocer que utilizar los términos correctos no impide que el contenido esté plagado de prejuicios y de frases que promueven la lástima hacia esa población. Ahí están los políticos que usan un lenguaje incluyente, pero siguen con prácticas asistencialistas como la donación de sillas de ruedas.3

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