Nadie hará de padre por accidente: ser padre es una acción voluntaria y consciente. Nou article del professor Almirall a La Vanguardia

Ser padre y hacer de padre

Aunque la llegada de la paternidad pueda venir de forma casual, nadie hará de padre por accidente

Los hombres acceden a la paternidad de diversas maneras, a menudo de forma planificada y en el marco de una relación de pareja, pero otras veces de forma circunstancial, por ejemplo después de emparejarse con una madre monoparental o, en otros casos, como resultado de la ineficacia de las medidas contraceptivas adoptadas.

Sin embargo, aunque sin duda se puede acceder a la paternidad de forma más o menos casual, o incluso por accidente, nadie hará de padre por accidente. Hacer de padre es una acción voluntaria y consciente. Lo que determinará la calidad de esta función parental asumida tiene menos que ver con aquella mayor o menor planificación que con la predilección emocional y voluntaria adoptadas en relación con la criatura antes y después de que llegue.

Aunque se puede acceder a la paternidad de forma más o menos casual, o incluso por accidente, nadie hará de padre por accidente

Porque, más allá del hecho biológico que determina la paternidad de un individuo, lo que definirá y configurará su función de padre, viene marcado por la relación que decidirá establecer y que acabará estableciendo en la práctica con aquella criatura que hasta entonces simplemente se había considerado genética o administrativamente un hijo o una hija suyos. Se trata de una construcción lenta, y a menudo poco lineal, que irá configurando un vínculo, que muchas veces nacerá antes de haber tenido ocasión de ver la criatura o de haberla tenido entre sus brazos

El camino que lleva al padre a configurar este vínculo con el bebé que ahijará, tiene un recorrido físicamente diferente al que recorre la mujer cuando accede a la maternidad gestando la criatura. Mientras que la mujer vivirá a lo largo del embarazo un proceso de transformación que implicará fuertemente su cuerpo, que cambiará su aspecto y forma, al tiempo que destacables modificaciones hormonales le recuerdan permanentemente lo que está sucediendo en ella, el hombre que será padre, queda situado a lo largo de la gestación en un lugar más periférico, y su vivencia del proceso dependerá mucho de la posición que adopten tanto él como la madre.

El camino que lleva al padre a configurar este vínculo con el bebé que ahijará, tiene un recorrido físicamente diferente al que recorre la mujer cuando accede a la maternidad gestando la criatura

Muchos padres, aun siendo pareja de la madre gestante y estando fuertemente implicados relacionalmente con ella y con su embarazo, explican el fuerte impacto emocional que tuvo para ellos, justo después del parto, recibir entre las manos la criatura recién nacida. De repente estaba allí lo que hasta entonces sólo había sido una idea o un deseo o, como mucho, la causa de unos movimientos en el vientre de la madre, a los que en broma llamaban pataditas.

Más allá de lo que generó para un padre el origen de una filiación (planificada, sobrevenida o accidental) siempre existe la posibilidad de que el vínculo tome una u otra forma en el futuro, dependiendo de la actitud adoptada por los protagonistas de la decisión de que una criatura esté en el mundo, optando o no por asumir la función parental. En esta elección de actitudes, la que toma el hombre que opta por hacer de padre, más allá de ser nombrado como tal, tiene un singular recorrido, en el que concurren deseos, emociones, y decisiones conscientes, que serán las que finalmente darán lugar a uno u otro tipo de filiación y, en consecuencia – y esto acaba siendo lo más importante- un mejor o peor desarrollo y bienestar, tanto de la criatura, como de quien ha decidido hacer de padre además de, simplemente, serlo.

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