Educar la autoestima

Cómo aumentar tu autoestima.

La autoestima es una actitud hacia uno mismo. Es la forma habitual de pensar, amar, comportarse y sentirse consigo mismo. La autoestima es adquirida y se genera como resultado de la historia de cada persona, es el fruto de una larga secuencia de acciones y pasiones que van configurando al individuo en el transcurso de su existencia. La autoestima constituye el núcleo de nuestra personalidad, y es fundamental que padres y educadores seamos conscientes de ello.

Qué es la autoestima.

La autoestima es la imagen que cada uno tiene de sí mismo, y esa misma imagen es además la que proyectamos hacia los demás. Es el concepto que tenemos sobre nuestras debilidades pero también sobre nuestras capacidades, nuestras fortalezas, sobre donde está nuestro talento, sobre lo físicamente atractivos que nos podamos encontrar. La autoestima personalse puede tener alta o baja, y es algo que también depende de la situación. Una persona con alta autoestima no tiene por qué tenerla en el trabajo, en sus relaciones personales y haciendo deporte, pero si puede tenerla en alguna de las áreas. Y una persona con baja autoestima no se encuentra siempre por debajo de los demás o se siente inferior en todas las situaciones.

“Las personas con alta autoestima no se sienten superiores a los demás; no buscan probar su valor comparándose con los demás. Disfrutan siendo quienes son, no siendo mejor que los demás” (Nathaniel Branden)

Autoestima alta y autoestima baja, causas. La importancia del autoconocimiento.

Lo cierto es que tener la autoestima alta o tenerla baja nos condiciona muchísimo. La persona que cree que tiene potencial y que se cree capaz seguramente se involucra en objetivos más desafiantes, se presenta a un trabajo porque cree que tiene talento o recursos para conseguirlo. Y a una persona con problemas de autoestima igual alguien le parece atractivo y piensa “para qué me voy a acercar si no valgo nada”, o hay una oferta de trabajo y piensa “para que me voy a presentar si hay gente que se presenta y seguro que está mejor preparada que yo”. Así que el vernos de forma negativa o positiva condiciona mucho el cómo nos relacionamos con la gente y con nosotros mismos.

La autoestima empieza a formarse desde pequeñitos. Por eso es tan importante la manera que tenemos de comunicarnos con los niños. Cualquier persona que tenga un rol de educadora ―entrenadores, maestros, padres, hermanos, amigos― tenemos que tener extremado cuidado con como corregimos, criticamos y reforzamos a los niños.

En el ámbito infantil o juvenil podemos diferenciar cinco áreas:

  1. Área social: sentimientos del niño o adolescente sobre las relaciones con sus amigos.
  2. Área académica: qué piensa de su faceta como estudiante.
  3. Área familiar: cómo se siente como parte integrante de su familia.
  4. Área individual: la imagen corporal. Cómo ve su aspecto físico o sus capacidades físicas.
  5. Autoestima global: valoración general que hace de sí mismo.

Es evidente la proyección de la autoestima en todo el comportamiento escolar, familiar y social. La baja autoestima en los niños puede hacer que haya menores que sean indisciplinados, payasos, alborotadores, etc. porque esa es la imagen que ellos viven de sí mismos y que muchas veces se ve reforzada por sanciones imprudentes. Esos mismos niños experimentan un cambio sorprendente cuando se consigue reflejar en ellos un autoconcepto elevado. Se pueden observar cambios en niños considerados problemáticossi son tratados teniendo en cuenta sus cualidades y valores positivos: cambian las conductas inadaptadas y se comportan de una manera más madura.

Realmente, la imagen que los niños tienen de sí mismos es la imagen que los mayores proyectan de ellos. Si a un niño le estamos diciendo continuamente que no a todo: “que no vales”, “que no estás preparado”, “que no lo intentes”, “que no sirves”, “que lo has hecho mal”… el niño va interiorizando un concepto en el que se ve sin recursos: “todo lo hago mal”, “no sirvo para nada”, “no estoy preparado”, “yo no valgo”.

Es importante que el concepto que tenga el niño sea positivo, pero no positivo sobre “eres el más guapo del mundo” sino sobre hechos concretos: “apruebas el examen porque estás estudiando bien”, “tú estás preparado”, “cuando te esfuerzas consigues las cosas”, “yo te quiero”. Hay que transmitir cariño, que la persona se sienta protegida para que vaya afianzando ese concepto.

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