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Disminuir el abandono escolar. El papel de las empresas.

Impulsar la colaboración entre empresas y centros educativos, y exigir una titulación media para cualquier puesto de trabajo, son algunas de las acciones que el sector empresarial podría realizar para disminuir el abandono escolar temprano.             

España es el país europeo con más abandono escolar temprano (AET) al registrar una tasa del 17,9 % a  finales de 2018, según los últimos datos de Eurostat [1]. Esta cifra es la mejor de la última década y supone un descenso de 14 puntos porcentuales respecto a 2008, pero el país sigue a la cola de Europa y por debajo del objetivo europeo fijado para 2020: reducir la tasa del AET a un 10 %.

Europa define la tasa de abandono escolar temprano (AET) como la proporción de personas entre 18 y 24 años que no siguen unos estudios reglados y que no han logrado ninguna titulación académica por encima de la secundaria inferior (en España, la ESO).
Las causas del problema son multifactoriales, según diversos estudios de la Comisión Europea y la OCDE: se presenta por cuestiones personales (como las dificultades de aprendizaje), sociales, familiares, económicas, educativas, la falta de orientación académica y profesional, etc. Por tanto, el AET debe ser abordado desde todos estos ámbitos, entre ellos el sector productivo.

A través de los artículos y la entrevista de este nuevo monográfico sobre cómo reducir el abandono escolar temprano desde la empresa, Educaweb aborda el tema desde un punto de vista diferente al que se ha planteado en publicaciones anteriores, poniendo el foco en los efectos del AET en el sector empresarial y la economía en general, y qué puede aportar la empresa para ayudar a que los y las jóvenes no abandonen sus estudios prematuramente.

El mercado laboral, responsable directo del abandono

Si bien diferentes estudios señalan al sistema educativo como el principal responsable del abandono escolar, otros investigadores y expertos han constatado que el mercado laboral influye mucho más en el aumento del AET, como el estudio Abandonament escolar prematur: més pull que push [2], elaborado por Miquel Puig, director general del Consorci de Serveis Universitaris de Catalunya (CSUC).

En su investigación, el también Doctor en Ciencias Económicas por la Universitat de Barcelona señala que, “al margen de las circunstancias individuales que explican por qué son unos y no otros los alumnos que abandonan, la probabilidad de que cualquiera lo haga depende de la situación del mercado laboral que le rodea” y el atractivo que este represente para los y las jóvenes.

Por ejemplo, las tasas de abandono escolar temprano son mucho más altas en lugares donde predominan los puestos de trabajo de baja cualificación y hay muchas ofertas de empleo de este tipo, como pasa en las comunidades autónomas que basan su economía en el turismo, tales como Baleares, Canarias o la Comunidad Valenciana. Esto se debe a que “hay muchas oportunidades para trabajar sin titulación”, según Puig.

Las consecuencias del AET en la economía y el sector empresarial

Reducir el abandono escolar prematuro es primordial no solo para las personas que lo sufren, sino también para el desarrollo económico de un país, ya que este “no puede tener empresas punteras sin profesionales formados”, indica Francisco Luna, investigador y autor de artículos y libros sobre abandono escolar prematuro, en una entrevista reciente a Educaweb.

Otros expertos señalan que, si el AET no se reduce, podría tener consecuencias negativas en la producción de las empresas y por ende en la economía de España.   “Para una economía es un factor que frena la productividad y por tanto la prosperidad. Es absurdo que España se plantee ser un país próspero si tantos de sus (escasos) jóvenes no se forman más”, señala por su parte Puig en entrevista para Educaweb.

En un reciente encuentro de la Fundació d’Empresaris de Catalunya (FemCAT)  se propuso que los empresarios contribuyan a la reducción del abandono escolar evitando la contratación de jóvenes sin titulación de la ESO. Lo mismo señala, Luna, quien considera que “a veces nos encontramos con sectores empresariales que solo piensan en este tipo de jóvenes como mano de obra barata, a los que solo se les ofrecen contratos precarios y en condiciones que no les ayudan a crecer en su autoestima”.

La preocupación por atajar el abandono escolar temprano está presente en el sector empresarial porque “afecta directamente a los perfiles profesionales de los que pueden disponer y los puestos de trabajo que se ofrecen”, señala por su parte Elena Massot, presidenta de FemCAT en su artículo para Educaweb.

¿Cómo reducir el abandono escolar desde el ámbito empresarial?

Así pues, el AET no debe resolverse solo desde el sistema educativo, sino sobre todo hay que plantear soluciones desde la empresa y la regulación de las relaciones laborales. A partir de las ideas de los expertos que han participado en el monográfico y de las fuentes consultadas, presentamos algunas propuestas para reducir el AET desde el ámbito empresarial…

1. Más orientación y más colaboración entre empresas y el sector educativo

Dar pie a que el sistema educativo y el productivo colaboren para formar a los estudiantes y ofrecerles oportunidades de futuro, así como impulsar la orientación académica y profesional a todos los niveles son algunas de las soluciones para reducir el abandono escolar, según las conclusiones del último X Fòrum FemCAT, un espacio que ha reunido a empresarios y expertos del sector educativo.

Y es que los estudiantes que aprenden sobre el mundo del trabajo a través del contacto directo con las empresas están más motivados para obtener mejores calificaciones en la escuela y, por ende, no abandonan su formación, según un estudio al que hace referencia Juan José Juárez, responsable del Proyecto de Orientación Profesional Coordinada de la Fundación Bertelsmann, en su artículo para Educaweb “Sólo si entre todos hacemos más permeable la frontera que separa el mundo profesional del escolar, conseguiremos una orientación profesional de calidad y con ella nos dotaremos de una poderosa arma contra el abandono”, añade.

2. Exigir titulaciones medias en las ofertas de empleo

Otra de las propuestas para reducir el AET pasa por que las empresas exijan titulaciones medias, es decir, un Ciclo Formativos de Grado Medio como requisito mínimo para poder ejercer un puesto de trabajo que actualmente se considera de baja cualificación. “Si Suiza tienen una tasa de AET más baja que la catalana es porque, por ejemplo, los camareros deben tener una titulación de grado medio”, añade al respecto Puig en su estudio.

Por tanto, las empresas tendrían que evitar a toda costa contratar a jóvenes que no cuenten con estos estudios o, como mínimo, con la ESO.

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«Als 11 anys els mestres em deien que jo no valia per a res»

Vaig entrar a l’institut amb onze anys, era la més petita. A primària m’anava tot bé, a l’institut de cop tot m’anava tope malament. Al principi hi vaig anar sola, perquè no coneixia ningú. Em tractaven com la tonta. La que no fa res. La que no sap.

Un nen té dret a les segones, a les terceres i a les mil oportunitats? L’institut impulsa els bons alumnes i expulsa els dolents? Són casos puntuals o són molts els nois i noies que viuen a l’ombra, despenjats i desemparats? Per quins motius es reboten contra el sistema escolar? Un mestre pot dir “amb tu ja no hi ha res a fer”? Per què en comptes de castigar, etiquetar i emprenyar-nos amb aquests nois i noies no ens esforcem a buscar la manera d’ajudar-los? Qui es fa càrrec dels qui, tenint tota una vida al davant, se la miren amb l’autoestima sota terra?

Després de veure com el novel·lista Daniel Pennac (que de petit va ser etiquetat com un fracassat escolar) va parlar de les pors dels mals alumnes al CCCB, hem anat a l’Hospitalet de Llobregat a conèixer el Llindar: un lloc (que compta amb l’ajuda de la Diputació de Barcelona) on van a parar els expulsats del sistema educatiu, per curar-los les ferides i complexos i demostrar-los que valen, de la mateixa manera que val tothom. Arribem al Repartidor, el restaurant-escola on fan pràctiques, per conèixer l’Andrea, una noia atenta i alegre de 17 anys, que ens rep amb l’uniforme i amb moltes ganes d’explicar-nos en què es va convertir el seu pas per l’institut.

La tonta de la classe

Vaig entrar a l’institut amb onze anys, era la més petita. A primària m’anava tot bé, a l’institut de cop tot m’anava tope malament. Al principi hi vaig anar sola, perquè no coneixia ningú. Em tractaven com la tonta. La que no fa res. La que no sap.

No era una nena d’estudiar, em costava molt. Si ho feia, era perquè ma mare m’hi obligava, però quan arribava a classe no me’n recordava de res. Tenia la sensació que tothom anava avançant menys jo. I que a tots els ajudaven menys a mi. Era com si estigués cada vegada més arraconada, passaven de mi. Tenia por i vergonya. Sentia que els mestres em deixaven de costat. Entenc que hi ha molts alumnes, i que no poden estar per tots, però si estan per tots menys per una persona… també te n’adones. Feien més cas als qui treien bones notes. Al meu grup i a mi ens deixaven allà. Als altres, els ajudaven. Ho veus clarament: els que més estudien els tenen al davant, els que menys, al mig, i els que no, al darrere. Saps per què? Perquè si als de darrere els posen al davant, estaran cridant i els altres no podran estudiar. També et reparteixen per classes: A, B, C i F. A la F hi anaven els que no estudiaven gaire perquè tenien problemes. A la classe sempre preguntaven als mateixos. És com si es fes la classe només per a alguns, no per a tots.

La condemna de l’etiqueta

Fer exàmens no em servia de res. Per molt que alguna vegada estudiés, no se’m quedava. Estava bloquejada. Ho tenia al cap, però quan em donaven el full de l’examen em quedava en blanc. Em feia por que em preguntessin a classe. Quan buscaven algú per sortir a la pissarra, m’amagava, em feia cosa, perquè com que no prestava atenció no volia sortir, fer-ho malament i que se’n riguessin de mi. Era com si anés a l’institut per ser invisible. El dia a dia era així: arribava, m’asseia, a vegades em posaven alguna cosa i la feia i a vegades no. I el que és curiós és que quan feia alguna cosa em veien estranya, allò no els quadrava: estaven acostumats que no fes res. Quan intentava fer alguna cosa en comptes de felicitar-me i dir-me “molt bé, Andrea, te n’estàs adonant i estàs fent les coses”, em feien fora. Em deien la noia del passadís, perquè estava allà. “Per tenir-te a classe i que no facis res, millor tenir-te a fora, que és el mateix”.

Onze anys, la sentència: no vals

El que més mal em feia és el que em deien. Arribava a casa i ma mare em veia plorant. I em preguntava “que t’han pegat?”, “no, però mira què em diuen a l’institut, que no valc”. I ara penso: com què no? Si entro amb onze anys a l’institut, m’haurien d’ajudar, en comptes de dir-me que no valc perquè no faig res. És molt bèstia que amb onze anys els mestres et diguin que no vals per a res. Era petita! Em deien: “Tu no vals, ves-te’n d’aquí. Has d’anar al Llindar”, que per a ells era el lloc on anaven els qui són dolents. La meva mare va parlar amb els mestres. Els va preguntar si la seva filla podia estar al Llindar. Li van dir que sí, però la meva mare no volia, perquè tenia la por del que deien els mestres, que allà hi va mala gent. Vaig perdre dos anys a l’institut només perquè els mestres havien dit això a la mare.

El procés de desaparèixer

Si no hagués anat a classe, als professors crec que els seria igual, però per fotre’m m’haurien posat a serveis socials, que van a casa teva. Però això no va passar perquè, encara que em tractessin malament, jo hi anava cada dia. Arribava. Ells em deien que me n’anés al passadís. I mira, un dia vaig fer campana, i no van trucar a ma mare. En canvi, si una altra persona en feia, sí que trucaven als pares. Subtilment sentia que m’expulsaven. Però si vas cada dia a classe perquè no hi vols faltar, arribes i ja t’estan recriminant coses dient-te que no vals, penses: per què vinc?

La revenja

Vaig arribar a liar-la molt, cremava les papereres de l’institut, em portava malament, els cridava, una vegada per poc que llanço una cadira a una mestra. Tot això ho feia perquè treien el pitjor de mi, i mira que és difícil. Però sabien com fer-ho i ho aconseguien. Allà era rebel, mentre que a casa, amb els meus pares, i a tot arreu estava bé, no em passava tot això. Em van posar una ordre d’allunyament de l’institut de cent metres. Em posaven partes per expulsar-me, m’enrabiava, trencava el paper i el llançava. En el moment que et tracten malament, tu respons igual. També els he insultat un munt de vegades. I llavors em deien “ves a buscar el parte, i t’expulsaré un mes a casa teva”. I així era. El poder el tenen ells i poden fer el que els doni la gana.

Quan t’empenyen a llençar la tovallola

Li deien a la meva mare: “La teva filla no val”, “Ja no hi ha res a fer”. I el perill que et diguin que no vals és que t’ho creguis. Perquè jo m’ho vaig creure del tot. Quan veia que parlaven malament de mi als meus pares, després plorava. Era una impotència molt gran. Arriba un moment en què ja t’és igual tot. Fins i tot quan feia alguna cosa, ells ho veien estrany, perquè no hi estaven acostumats, em deien: “Ves a agafar l’escombra i la fregona i neteja la classe”, mentre els altres aprenien. T’ho dic de debò. O em deien: “Ves al pati i recull els papers que hi ha a terra”. Em sentia humiliada. Era una merda anar a l’institut. No m’ha agradat gens anar-hi, però també m’ha servit per arribar al Llindar. El segon any de segon d’ESO, a finals del primer trimestre, estava a classe tan normal, venen i em diuen: “Ves-te’n cap a casa, que demà ja no tornaràs”. “I a on aniré?” “Al Llindar, ja no et volem aquí”.

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La segregación escolar o el techo de cristal de los chicos de la clase obrera

Educación inclusiva en todas las etapas educativas, sean o no obligatorias.

La justicia lleva la educación inclusiva a la Formación Profesional

Pablo Gutiérrez del Álamo

Una jueza dicta medidas cautelares para que Aleix, un joven de 21 con autismo, pueda matricularse en un ciclo formativo. El caso está a la espera de sentencia.

Aleix tiene 21 años. Vive en Castellón. Estudiaba en un centro de educación especial. Este curso iba a comenzar un ciclo profesional de Cocina. Pero en enero de 2017 la comisión de escolarización informó a la familia de que no cumplía los requisitos necesarios para seguir sus estudios. Tendría que dejar el centro.

La alternativa que les ofrecieron, según Ana Solsona, madre de Aleix, fue un centro ocupacional o un centro de día en el que compartiría tiempo y espacio con jóvenes de entre 18 y 20, además de con personas de unos 50. Todas ellas con alguna discapacidad de algún tipo.

Juan Rodríguez Zapatero es el abogado que está llevando el caso. Aclara que en el informe presentado por la comisión de escolarización, entre otras cuestiones, se aducía que Aleix no era capaz de entregar la solicitud o que no conocía los contenidos del ciclo al que se iba a matricular. Para el abogado, estos razonamientos son una vulneración de los derechos fundamentales, “esencialmente el artículo 14, de derecho a la igualdad en relación con el artículo 27 de la Constitución, es decir, acceder y mantenerse en el sistema educativo en condiciones de igualdad”.

En diciembre pasado, la jueza del caso, a la espera de dictar sentencia, dictaminó medidas cautelares por las que Aleix podría matricularse en el instituto ordinario para estudiar.

Con este caso, Juan Rodríguez entiende que se abre una puerta importante en relación a la inclusión educativa por diferentes razones. La principal es que se ratificaría que el derecho a la educación inclusiva descrito en la Convención de Derechos de las personas con discapacidad se refiere a todas las personas y a todas las etapas educativas, sean o no obligarias. Es por tanto relevante el hecho de que Aleix tenga 21 años y esté a las puertas de cursar una FP básica de 2ª oportunidad.

A esto se suma la sentencia del Tribunal Supremo del pasado 14 de diciembre en la que, según Rodríguez, se establece el contenido del derecho a la educación inclusiva con carácter general “con una frase que me parece importante y que resume todo: las administraciones educativas están obligadas a justificar que han agotado los esfuerzos para la integración educativa”. Es decir, explica el abogado, “no vale cualquier informe, sino que tienen que haberse puesto todos los medios de todo orden: personales, materiales, de programación, de adaptaciones para procurar el objetivo de inclusión educativa”.

Aleix no pudo comenzar el curso con normalidad y hasta ahora, una vez dictadas las medidas cautelares, no podía incorporarse al curso en un centro de segunda oportunidad. “Ha sido un proceso largo y penoso, desde el minuto cero”, sostiene Ana Solsona.

Aleix es un joven con autismo no verbal, describe Ana, que gracias a la insistencia de ambos progenitores por su escolarización en centros ordinarios, así como por un intenso trabajo de estimulación sostenido en el tiempo, hace una vida lo más autónoma e independiente posible. Acude a la piscina, hace teatro o sale a una discoteca con un grupo de jóvenes (acompañados por monitores), además de hacer recados o ir al centro educativo él solo.

Cuando el invierno pasado les anunciaron que tendría que dejar el centro de educación especial en el que llevaba tres años matriculado y tendría que ir a un centro de día, ella y Juan Antonio Vicente, padre de Aleix, lo visitaron. En él su hijo, así como otros compañeros que también fueron avisados de su cambio de centro, pasarían el tiempo, según describe Ana, únicamente con personas con diversidad de distinto tipo, sin atención educativa o formativa específica.

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