Arxiu mensual: juny de 2019

Every child matters: What principals need to effectively lead inclusive schools

As a former elementary and secondary school teacher and school administrator, I am aware of the lived realities of teaching students with special education needs in inclusive classrooms.

Canadians continue to grapple with what it means to be an inclusive society. Despite a general trend to inclusive education in provinces across Canada, policies and services are inconsistent.

Inclusive education is quality education that aims at the full participation of all learners with a belief that all students can make valued contributions to classrooms and schools.

Recent education announcements by the Ontario government, for example, are emblematic of challenging contexts both for families and school communities.

Decisions such as increasing class size, changing the funding model for children with autismand potentially changing the full-day kindergarten framework could dramatically affect students with special education needs in inclusive schools.

Reports of escalating classroom violence have drawn widespread media attention, as have accounts that students with special education needs are being asked to stay home from school.

In Newfoundland, the Advocate for Children and Youth released a January 2019 report on chronic student absenteeism within the province. The report found that factors such as learning disabilities, mental health issues, behavioural issues and developmental delays contributed to absenteeism.

In 2018, Inclusion Alberta reported that 53 per cent of children with disabilities had been secluded or restrained at school. The same year, Inclusion B.C. reported that many students with special education needs are still being negatively affected by inappropriate and outdated teaching practices.

Prior to this in British Columbia, two legal cases exemplified how contested and precarious inclusive education is in Canadian schools.

In 2016, the Supreme Court of Canada ruled in favour of the B.C. Teachers’ Federation and against the province with regard to limiting class size and composition.

In 2012, the Court also affirmed the legal right of students with learning disabilities to receive adequate special education supports in schools in what became known as the Moore case. At the centre of this case was student Jeffrey Moore and his father.

New Brunswick has provided a model of inclusive education that has served as an examplefor other contexts, most recently Ireland.

As a former elementary and secondary school teacher and school administrator, I am aware of the lived realities of teaching students with special education needs in inclusive classrooms.

Many teachers experience having classes with 25 or 30 students, sometimes with combined grades. Such a scenario could include teaching two grades of curricula, plus teaching multiple students with individual education plans, who may require accommodations, support staff and specialized equipment.

Leadership and inclusion

The realistic challenges inherent in this worthy ideal in pursuit of human dignity and belonging are lived out every day in schools. Students, teachers, support staff and principals are in many ways at the forefront of inclusion in society at large.

Yet one area that has been lacking has been an informed understanding of what kinds of support principals need as they provide leadership for inclusive schools.

Our research team, made up of members of the Canadian Research Centre on Inclusive Education, recently completed a study on this topic.

We collected data from 285 principals and vice-principals about their experiences in inclusive schools — that means schools practising the full participation of all learners, as defined by the Council of Ministers of Education Canada.

We asked principals from British Columbia, Alberta, Ontario, Quebec, New Brunswick and Newfoundland to consider the ways in which they support students with special education needs in inclusive schools. The participants were from elementary and secondary schools, in both English and French language school systems, in urban and rural areas.

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¿Ser superdotado es incompatible con ser feliz? El lenguaje crea realidad. El pesimismo ante las altas capacidades puede generar mucha angustia en los niños y en sus familias

De cómo hablemos de algo, de cómo lo expresemos va a depender la interiorización que hagamos de ello y nuestra visión que, además, tenderá a generalizarse a todo lo que pueda estar relacionado.

No son los hechos los que generan las emociones, sino la interpretación que hacemos de ellos. Estas son dos máximas en psicología que no deberíamos olvidar nunca. De cómo hablemos de algo, de cómo lo expresemos va a depender la interiorización que hagamos de ello y nuestra visión que, además, tenderá a generalizarse a todo lo que pueda estar relacionado.

Una misma circunstancia o hecho produce emociones diferentes según la persona, por lo que la reacción emocional dependerá de la interpretación que hagamos del hecho y no del hecho en sí. La circunstancia se transforma en relato y atraviesa nuestro filtro de creencias en cuya base se encuentra lo vivido, nuestra psicobiografía.

Y luego está lo que vende. El drama vende mucho más que la felicidad. El drama, la tragedia, es enormemente atractiva para todo un mercado que vive de ella. Parecería que estamos programados para poner el foco en lo que no funciona más que en lo útil, en lo que nos falta y no en lo que tenemos. Parecería que encontramos consuelo en el drama ajeno o hacemos una suerte de catarsis por poderes con el dolor y la insatisfacción de otros.

Como psicólogos que trabajamos en el área del Talento y las Altas Capacidades, nos negamos rotundamente a formar parte de la cultura del pesimismo y la futurología catastrofista que rodea a los más dotados y a sus familias.

Títulos de libros que anuncian la infelicidad garantizada por ser superdotado. El fracaso seguro por ser “demasiado” inteligente, la incompatibilidad entre inteligencia y felicidad, como si de una maldición de cuento de hadas se tratara. Un terrible estigma que viene de la mano de esa condición y cuya influencia es inevitable. Si inteligencia y felicidad son incompatibles, ¿significa entonces que la falta de inteligencia equivale a felicidad? Y para quienes creen que esa premisa es cierta, ¿a qué tipo de felicidad se refieren? Parece que a esa que es el eslabón perdido entre el mundo vegetal y el animal, la que produce la ignorancia y la falta de cuestionamiento.

Es imprescindible cambiar esa visión, a caballo entre lo oscuro, lo raro, lo excéntrico y lo simplista o negador. No hablo de normalizar, muy al contrario. Hablo de naturalizar la diferencia y no añadir más prejuicios al asunto. Haz esta prueba: si tecleas “superdotado” en Google te van a salir al primer pantallazo 16 imágenes de niños con gafas con una pizarra detrás con fórmulas matemáticas. Es decir, la cultura nos dice que ser superdotado es tener gafas y ser un as de las matemáticas. Y tocar el violín.

Y luego está la profecía del fracaso escolar sobrevolando sobre las cabezas de los “demasiado” inteligentes, y el pronóstico de infelicidad en lo personal, y la creencia de su dificultad para relacionarse…

Algunos padres lloran cuando reciben el diagnóstico y nosotros les damos la enhorabuena porque eso es lo que es: una buena noticia. Y les ayudamos a mirar a su hijo o hija como un reto educativo donde todos van a crecer más a allá de lo que creían posible. Les animamos a que coloquen el foco del problema donde está: en la cultura, en el colegio, en la sociedad que ignora y sospecha maliciosamente entre la envidia y la curiosidad, en la incomprensión de los otros. En una sociedad que dice que si no eres como todos, tienes un problema.

Sí, su capacidad para la felicidad es superior a la de la mayoría de la gente, en tanto que una de sus características más acusadas es la intensidad emocional. Pero también está su capacidad para fluir, para comprometerse con la tarea, para sentir un inmenso placer al conocer y entender. Para la psicología, el concepto de felicidad no se refiere a ese estado de intelecto comatoso, ni a la vida simplista orientada al placer hedónico.

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Nou article de la professora Dorys S. Sabando

La prestigiosa revista International Journal of Educational Research ha publicat l’article liderat per la professora del màster, Dorys S. Sabando sobre la relació entre grau d’inclusió i rendiment acadèmic realitzat en més de 600 escoles de Catalunya.

 

Enhorabona a la professora Dorys Sabando per la recerca realitzada i la seva publicació.

L’article es pot baixar gratuïtament fins el dia 10 de juliol des de la pàgina oficial de la revista International Journall of Educational Research

Robots y sentimientos (2 videos)

Robots con horario de visita

Los investigadores están preocupados por el apego excesivo hacia sus robots de miles de usuarios, sobre todo, niños

La forma de los robots influye de una manera clara en los sentimientos que generan en las personas que se relacionan con ellos. Por supuesto, los humanos que interactúan con estos objetos mecánicos saben en todo momento que se trata de máquinas, no de seres vivos. Pero si su aspecto se asemeja considerablemente al nuestro, resulta complicado establecer con ellos la misma relación que se mantiene con un simple electrodoméstico.

Por este motivo, el vínculo con una aspiradora Roomba, que no deja de ser un robot, aunque morfológicamente no tiene nada que ver con nosotros, es muy similar al que se construye con una nevera o una lavadora. En cambio, la conexión emocional con los androides es intensa: tienen cara y su cuerpo consta de las mismas partes que el nuestro. Como señala la investigadora Julie Carpenter, “si algo se mueve en nuestro espacio y nos da la impresión de que lo hace con un propósito, pensamos que tiene conciencia y metas internas”.

Cambios en el diseño:

Los peligros de empatizar con las máquinas

En su opinión, las casas están construidas para la gente —o, a lo sumo, para los animales domésticos—, de modo que los robots, para ser eficientes, deben moverse como ellos. Sin embargo, hasta ahora, los ingenieros apenas se habían preocupado por el apego de las personas a estos sistemas. La profesora del Massachusetts Institute of Technolog (MIT, Estados Unidos) Sherry Turkle explica que hay equipos de inteligencia artificial que se muestran como si fuesen “socialmente conscientes”.

No obstante, añade la experta, estas reacciones están programadas. No son ciertas, sino ficticias. No es empatía, solo lo parece. Por esta razón, los usuarios acaban pensando que estos dispositivos “son más inteligentes de lo que realmente son”. En síntesis, como recuerda Turkle, “el amor simulado no es amor”. Fabricantes como Gadi Amit, presidente de NewDealDesign, empresa con sede en San Francisco (Estados Unidos), empiezan a reconocer que este elemento es fundamental en su actividad en la actualidad.

La compañía de Amit ha ensamblado un nuevo robot de entrega de paquetes para Postmates. Es un cubo con ruedas, con un diseño agradable, pero abstracto, con bordes redondeados y luces que indican hacia dónde va a girar. El máximo responsable de NewDealDesign sabe que aun tiene que transcurrir bastante tiempo para que los humanos y las máquinas compartan lenguaje. En cualquier caso, ese instante llegará. “Tal vez en unas décadas”, agrega.

Como es habitual, el trabajo con niños todavía genera más incógnitas y dilemas morales. La startup RoboKind, de Dallas (Estados Unidos), presentó en 2016 un robot llamado Milo, pensado para ayudar a menores con autismo. Cientos de colegios han incorporado este método, que ha servido para orientar en su aprendizaje a miles de escolares. Para evitar que los chavales se encariñen en exceso con Milo, Richard Margolin, cofundador de RoboKind, sugiere que los alumnos no estén con él más de cinco veces por semana, y que no pasen más de media hora seguida en su compañía.